sábado, 22 de julio de 2017

IKARIE XB1 (Jindrich Polak, 1963)


IKARIE XB1 (Jindrich Polak, 1963)

COMENTARIO EN ÚLTIMO CERO (pinchar enlace)




Se podrá ver en muy pocas salas y en muy pocas ciudades, las reposiciones de verano ya apenas interesan más que al nostálgico que sabe valorar el buen cine más allá de su fecha, de su nacionalidad, de sus colores o de sus gamas de blancos y negros. "Ikarie XB1" se estrena ahora en España después de transcurridos casi 55 años de su estreno mundial. La ocasión merece la pena y hay que invitar al espectador a que haga el esfuerzo de trasladarse al mundo de la época para situar la película en un contexto muy especial. La guerra fría, la crisis de los misiles, la carrera espacial, el peligro nuclear sirven como referentes históricos de una película ambientada en 2163 en la que el comunismo ha conseguido el paradigma de gobernar todo el mundo y ahora hay que explorar otras galaxias. Disfruten y descubran imágenes que les van a recordar a clásicos posteriores del cine de ciencia ficción norteamericano. La historia del arte está llena de referencias, de influencias, de copias........sólo así se llega al genio de la novedad de vez en cuando.






miércoles, 19 de julio de 2017

EL ESTUDIANTE (Santiago Mitre, 2011)



 

EL ESTUDIANTE (Santiago Mitre, 2011)


 
Guionista de Pablo Trapero en “Leonera” y “Elefante blanco”, dos películas, por cierto, muy dispares en forma y mensaje, Santiago Mitre utiliza un espacio, que en principio puede parecer neutro y dedicado a la formación, para representar las más sórdidas y deleznables prácticas de la política, la de ahora y la de todos los tiempos, la que aleja al ciudadano de la “res pública” y abandona el poder en manos de “profesionales”, de empleados que se sirven de lo público para enriquecerse y ganar poder, más preocupados de su propio medrar que de procurar eso que se llama el bien común. Es cierto que la película, analizada como una historia convencional deja demasiadas puntadas sin hilo, historia sentimental, historia académica, historia política, historia de corrupción…. y que incluso el final resulta, por generoso con el protagonista, previsible, pero me parece más interesante lo que se apunta que lo que se cuenta, el cómo puede uno cambiar de bando sin ningún tipo de dilema moral alegando una mejor causa, cómo cualquier método es válido para conseguir los objetivos, cómo se recluta en la universidad, no a los mejores, sino a los mejor dispuestos a venderse por los restos del poder, cómo no es importante ni el estudio ni el sacrificio porque, en el fondo, los tuyos van a procurar que no te falte lo básico, pero sin lujos, algo necesario para depender siempre del sistema y ser más fácil de corromper.
 

Roque no deja de ser el típico “profesional” universitario, el eterno estudiante, ese que no sabe por qué estudia una cosa y no otra, y en definitiva no aprovecha ninguna, Roque es el ejemplo del germen que infecta el sistema, un organismo capaz de mutar como un virus para inmunizarse en medio del fango en el que comienza a crecer. Conoce a una joven profesora de la que le separa todo pero a la que sabe camelar, y de manera forzada, o así me lo parece, emprende una historia de enamoramiento, sexo y aprendizaje político. Paula forma parte del claustro universitario en un grupo de estudiantes de izquierda que quieren “cambiar el mundo” con un nuevo rector, el dr. Acevedo, un prototipo de animal político, que para conseguir el ansiado puesto no dudará en vender a todos, eso si, con la promesa de que pasado el enojo, serán recompensados. En estas casi dos horas Roque tomará conciencia de que nadie en las alturas y en el staff que rodea al candidato y posterior rector busca la mejora de la universidad sino preparar el camino para una posterior vuelta a la política. El estado ruinoso de las facultades no preocupa a nadie, que gente como Roque pueda ir aprobando asignaturas sin estudiar tampoco parece nada más que la consecuencia lógica de la creación de sistemas clientelares desde etapas tempranas de formación, los cuadros de los partidos tienen que ir renovándose por ley vital, y nada mejor que ir creando telas de araña en la que cada uno pueda mover sus hilos en los espacios de influencia, incluso la universidad es caldo propicio para hablar de contratos amañados y suministros teledirigidos.







El panorama que se ofrece es desolador y escasamente optimista, nada invita a pensar que esa sociedad que se vislumbra en la película sea mucho mejor que la de una dictadura formal, las élites políticas extienden sus tentáculos a todo ámbito dominable, universidad entre ellos, colocar gente afín y dirigir conciencias es muy rentable a largo plazo porque te garantiza permanencia en los lugares donde se decide lo importante, o donde lo importante te permite manejarte sin demandar responsabilidades. Se supone que estamos en la Argentina de la época kirschneriana, la nestoriana o la cristiniana, tanto da, e incluso los protagonistas podrían afincarse en el partido radical postalfonsín. Es lo mismo, el único personaje lúcido es el maduro padre de la estudiante, el que sabe que la política de baja estofa ofrece mucho, engaña bastante y entrega mucho menos, y mientras, puede seguir el desmantelamiento de lo público, el enriquecimiento de las élites y la anestesia de la clase media. Pasen y vean, la película no pasa de interesante, formalmente es monótona y el final es de tv movie, pero en su interior circulan corrientes subterráneas merecedoras de más de una reflexión, aunque sean en privado y comprobando cómo seguirán viniendo más años y nos harán más ciegos, porque desde 2011 hasta ahora nada hemos mejorado, ni aquí ni allá, si acaso nos hemos vuelto mucho más escépticos y paranoicos mientras seguimos aplaudiendo a los corruptos de todo tipo a su salida de los juzgados, seguimos palmeando las espaldas de aquellos a quienes escupiríamos pero no nos atrevemos por su puesto, y seguimos pensando que la democracia que nos venden es el único sistema político aceptable cuando, en el fondo, estamos inmersos en una plutocracia infecta.



EL ESTUDIANTE. Argentina. 2011. Director: Santiago Mitre. Guión: Santiago Mitre y Diego García, basado en una historia de Santiago Mitre y Mariano Llinás. Reparto: Esteban Lamothe, Romina Paula, Ricardo Félix, Valeria Correa, Agustín Rittano, Julián Larquier Tellarini, Germán de Silva, Juan Barberini. Productora: La Unión de los Ríos / Pasto Cine / El Pampero Cine. Fotografía y cámara: Gustavo Biazzi, Soledad Rodríguez, Alejo Maglio, Federico Cantini. Música: Los Natas. 111 minutos

lunes, 17 de julio de 2017

PEOPLE THAT NOT ARE ME (Hadas Ben Aroya, 2016)

PEOPLE THAT NOT ARE ME (Hadas Ben Aroya, 2016)


El final es el principio. La desesperada reacción de la protagonista, Joy, interpretada por la propia directora, ante el cúmulo de sinsabores que se van acumulando las semanas siguientes a una ruptura sentimental inasumida, concluye en una lucha física con, y por, el objeto amoroso, en una tentativa inacabada de posesión de aquél que de manera clara y terminante la ha rechazado y para quien es incapaz de encontrar sustituto, sólo el rechazo físico violento puede provocar el despertar y la aceptación, o quizás, quien sabe, la reacción deseada por parte de la mujer, volver a ser el centro de atención del joven que la ha abandonado. La directora israelí Hadas Ben Aroya construye una “casual movie” alrededor de las jóvenes generaciones urbanitas de Tel Aviv en la que, el estilo franco y directo con el que la imagen recoge las necesidades físicas y sentimentales de la propia Hadas, suple las imperfecciones técnicas y la propia limitación de la propuesta, ceñida al ocio y al amor-sexo de la protagonista, extraído del relato todo aquello que interfiera en su objetivo finalístico, como podría ser el trabajo o la familia, es una película sobre la obsesión de Joy, y todo lo demás es secundario, como secundario resulta para el propio personaje.


La aparente promiscuidad de Joy no es gratuita, ni una simple busca de placer concreto y momentáneo, el empleo del sexo trata de solventar la ausencia de pareja, la ausencia de amor. Por la vía de conseguir compañeros de cama trata de encontrar un sustituto, más subjetivo y ficticio que duradero, de su rota relación con  Oren, a quien sigue imaginando como una presencia real y cercana, de quien sigue recordando su compañía, sus silencios, su música. Joy, incapaz de poner término a esa relación, recorre los espacios de una vida en común a la caza de un recuerdo, a la búsqueda de una silueta que coincida con la persona que no ha dejado de amar. Para Joy los espacios abiertos son una oportunidad de no sentirse sola, porque entre las paredes de su casa, si no hay compañía masculina, el mundo parece caer sobre ella con un peso insostenible. Y sin embargo, no hay desesperación en el comportamiento de la joven, salvo, justamente, hasta el momento del desenlace, quizás una vez comprendido que la realidad y el deseo no terminan de acoplarse, y que un clavo no expulsa a otro incrustado hasta arraigar en el sistema nervioso.

Retrato de una generación formada cuyas expectativas laborales son escasas, Hadas opta por eliminar las referencias políticas y sociales de su relato y centrarse en un microcosmos de sentimientos a la búsqueda de un remedio parcial, arreglar un aspecto de la vida para afrontar después los demás. El sexo franco y desinhibido de la joven no hace cambiar de opinión a los hombres con los que se relaciona, ni aun cuando cree encontrar  con quien compartiría el futuro conseguirá mayor compromiso por su parte. En el fondo la directora filma el miedo a la soledad anticipada, como si un periodo de abstinencia o un periodo sin compañía fuera antesala de un fracaso definitivo, por ello las idas y venidas de Joy por la ciudad terminan recalando, puntualmente, en la puerta del antiguo novio, como si un cruce de miradas fuera a hacer recapacitar a éste de lo injusto e innecesario de la ruptura. La cámara acompaña a la joven en su deambular, y lo mismo nos transmite la asfixia de interiores en los que la falta de acompañante abruma a la mujer, como nos enseña a ésta aislada, pequeña, frágil, en medio de la noche y con la misma sensación de soledad que esos planos más cerrados sobre el rostro de los personajes. La aparente fortaleza y decisión de Joy no termina de esconder la inconsistenciay simulación de la misma; en el fondo, salvo el diamante, cualquier objeto puede ser roto por otro, y en ocasiones hasta la dureza del diamante termina fracturándose como la mantequilla al contacto del cuchillo caliente.


PEOPLE THAT NOT ARE ME. Título original: Anashim Shehem Lo Ani. Israel. 2016. Dirección y Guión: Hadas Ben Aroya. Fotografía: Meidan Arama. Montaje: Or Lee-Tal. Sonido: Neal Gibbs. Música: Yuval Shenhar. Producción: Hadas Ben Aroya. Compañía Productora: Film Republic. Intérpretes: Hadas Ben Aroya, Yonatan Bar-Or, Meir Toledano , Netzer Charitt , Hagar Enosh. 80 minutos.

TRAILER

domingo, 16 de julio de 2017

MALGRÉ LA NUIT (Philippe Grandrieux, 2016)

MALGRÉ LA NUIT (Philippe Grandrieux, 2016)

Etérea, nocturna, oscura, extrema, mística, abyecta, sensorial, sensual, ultraviolenta, corporal, fantasmal, evocadora, materialista, ascética, exagerada, fría, distante, inexplicable. Y más adjetivos podrían ponerse a la última película del director francés, un absoluto desconocido para las pantallas comerciales españolas y no muy fácil de encontrar en los mercados de formatos domésticos. Un paseo autodestructivo por el amor y la muerte donde casi nada es explicado ni explícito, donde la asfixia y claustrofobia no sólo la proporciona este sentimiento nihilista de todos sus protagonistas, sino que la cámara incide de manera notable en la ausencia de oxígeno maximizando el enfoque sobre los rostros de los actores y sus cuerpos que, como piezas ensamblables, vemos troceados sin apenas resquicio para el espacio vacío, que, mayoritariamente, aparece oscurecido o en profunda tiniebla, como la mente autodestructiva de varios de sus personajes, sino de todos. Grandrieux afronta una singladura en la que asume que muchos de los que le acompañen al inicio de la proyección irán desertando ante el relato circular y aparentemente absurdo, otros permanecerán inquietos por tratar de obtener alguna respuesta a las imágenes que bombardean sus sentidos, unos cuantos optaremos por dejarse mecer por la textura de ultramundo de unas imágenes que van acercando a los personajes a una sima de dolor y muerte propiciada por el deseo, y algunos, no lo dudo, se sentirán atraídos por una belleza conjunta que, sin alcanzar a compartir, comprendo. 

Escondidos, reducidos a sombras que no se atreven a aventurarse a plena luz del día, cómodos en la dificultad que la oscuridad proporciona para definir contornos y recordar fisonomías, los personajes de «Malgré la nuit» deambulan entre la preparación de una venganza absoluta ante la pérdida, o la renuncia a seguir viviendo como consecuencia de una pérdida del pasado. Lenz regresa a Paris buscando a una antigua amante, Madeleine; en su busca, Lena se enamora de él, a costa de los sentimientos de Louis, quien obedece a Lena pese a la humillación, esperando su momento. Louis y Lenz se conocen y la búsqueda de éste sirve de fácil anzuelo para poder ir preparando la definitiva venganza de Lena cuando Lenz prefiere la compañía de Heléne a la suya sin abandonar la búsqueda de Madeleine. Al mismo tiempo Heléne convive con un hombre mucho mayor que ella, Paul, a quien abandona sumida en la debacle autodestructiva que le facilita prostituirse para rodar películas ultraviolentas pornográficas en las que, alguna de las actrices, consiente su muerte para satisfacción de pervertidos sexuales y para que el negocio que regenta el padre de Lena, genere dinero y poder. Esta amalgama de sentimientos y deseos insatisfechos es rodado por Grandrieux sin necesidad de explicarnos un hilo argumental que explique, o justifique, los actos de los personajes, ni sabremos si lo que vemos responde a un relato cronológico o a saltos temporales inexplicables. La búsqueda de Madeleine puede concluir tan abruptamente como termina una snuff movie o enlazar esa búsqueda con el recuerdo omnipresente de Lenz con su madre, a quien termina identificándose el recuerdo de Madeleine.


Las oscuridades que rodean a los personajes son reflejo de su propio interior nada trasparente, su necesidad de sexo compartido no impide la cercanía de la pulsión de un deseo mortal a cada paso que se avanza, ir descubriendo el destino de Madeleine, de Heléne, de Lenz, es ir avanzando hacia las profundidades de una sima donde no hay más luz que la potente bombilla que ilumina el flash de una cámara que hace brillar los cuerpos pero mantiene en penumbra todo lo que les rodea, impidiéndoles la huida por resultar imposible ver más allá de los propios ojos. Esa aparente circularidad no es plana, sino que a cada paso por el punto de partida, inapreciablemente, nos hemos hundido un poco más en un camino de destrucción y agonía. No hay huida posible en un mundo donde el mal se encuentra en el propio interior, una huida que, al vislumbrarse, será fugaz y pasajera porque como dice Heléne (excepcional Ariane Labed), «la vida me deslumbra». Como animales nocturnos, la luz les aniquila y les enfrenta a su desnudez, física y mental, más absoluta, eróticos cuando están vestidos, su desnudez mortecina les acerca más al momento definitivo del fín que al del placer. La luz pasa a comportarse como un personaje más en este abigarrado conjunto que apela a la sensación más que al conocimiento. Si se es capaz de dejarse llevar por sus imágenes el disfrute puede compensar la árida experiencia, imágenes en ocasiones sobreexpuestas de luminosidad, en otras desenfocadas, como esa mirada de quien observa desde demasidado cerca un cuerpo o un objeto; en otras superpuestas, mezclando a varias actrices o varias imágenes de actrices diferentes hasta llegar al juego de cristales en el que Lena y su padre diseñan y consienten, recípocamente, dentro de esa relación de apariencia incestuosa en la que también se evoca la imagen de una madre ausente, la conclusión de un acto de venganza y de violencia para saldar la cuenta de quien no quiere compartir.


Cuanto mayor sea la luz mayor será el peligro, el deslumbramiento es la negación de la voluntad. Si Bonello se ha propuesto con «Nocturama» retratar ese nihilismo suicida de la generación francesa que aún permanece en la veintena, Grandrieux circunscribe su retrato generacional a los que han superado esa barrera de la juventud y se adentran en la madurez sin ningún asidero, ni emocional, ni material, ni sentimental. La vida como un vacío absoluto en el que sólo el instinto de supervivencia consigue estimularte en un momento concreto, aunque el deslumbramiento subsiguiente va a seguir hiriendo de manera profunda a cuerpos que hace tiempo dejaron de ser sostenidos por la mente. El sexo y las drogas son maneras convincentes de soportar el peso, y el paso, del tiempo y las onerosas consecuencias de las pérdidas, pero el sexo y las drogas de «Malgré la nuit» terminan por acercarnos a la dominación, al dolor y la asfixia física, alejados de todo placer personal y simplemente consentidos para el placer ajeno, eliminada toda voluntad de resistencia. Para estos personajes el sueño puede provocar un orgasmo pero el despertar lo tornará en una pesadilla al comprobar qué lo ha provocado; enfermedades del espíritu difíciles de combatir en ambientes de alienación completa, Grandrieux ofrece una obra complicada y nada complaciente en la que la aceptación del espectador dependerá de nuestra capacidad para contemplar imágenes y dejarnos llevar por las sensaciones que nos provocan, no por las palabras expresadas o una historia explícita.



MALGRÉ LA NUIT. Francia. 2016. Dirección: Philippe Grandrieux. Guión: Philippe Grandrieux, Bertrand Schefer, Rebecca Zlotowski, John Henry Butterworth. Intérpretes: Kristian Marr, Ariane Labed, Roxane Mesquida, Paul Hamy, Johan Leysen.Duración: 150 min.

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