domingo, 19 de junio de 2016

JOHN FROM (Joao Nicolau, 2015)

JOHN FROM (Joao Nicolau, 2015)

¿Qué mecanismos inconscientes te hacen olvidar lo que ya sabes y sumergirte en una historia equivocando lugares? Algo así me ha pasado con esta película, leido mil veces que se trataba de una película portuguesa, su concepción y su estructura me ha abstraido tanto que, desde el primer fotograma he creido que era brasileña, sería el calor, el sol, la música, la juventud, la frescura del relato incluso en su parte más anodina y reiterativa para mostrar el aburrimiento de una adolescente, y en ese error me he mantenido sin fisuras hasta que una referencia geográfica ha provocado que me diera cuenta del mismo. Este dato irrelevante si que resulta trascendente para situar «John from» como una de las revelaciones estéticas de la temporada, alejando tanto el resultado final del referente de una cinematografía como la portuguesa que señala un camino de ruptura con el estereotipo de un cine de calidad incuestionable pero inmerso en una melancolía y ensimismamiento identificador, al tiempo que también demuestra que se puede mantener una identidad desde la novedad aportando un soplo de aire fresco que se agradece.

Si el esquema argumental de la película puede resumirse en un par de pinceladas, siguiendo a Rita, adolescente portuguesa que deja transcurrir los días de un largo verano creando su propia playa artificial en la terraza de su casa mientras le aburren los chicos de su edad, y sólo la complicidad con una amiga le proporciona algún momento de relajación diario a la espera de no se sabe muy bien qué, la aparición de un vecino maduro, padre de una hija pequeña, pero sin pareja, desestabiliza las estructuras mentales de Rita que, de manera irracional, se enamora radicalmente de esa idea de hombre, transformando su verano de aburrimiento en una obsesión de seducción. En ese hombre de apariencia interesante, viajero, fotógrafo, conocedor de lejanas culturas y civilizaciones, Rita coloca toda su energía mental para ir construyendo un nuevo mundo, mitad transformado y mitad inventado. Para Rita no será suficiente cambiar su vida o conseguir su objetivo, sino que pretende conseguir con su actitud, que todo su entorno pase de ser una urbanización de clase media portuguesa, nada asfixiada por la crisis, ni preocupada por su futuro económico, en un paraíso terrenal, un remedo de isla tropical donde especies animales se acomoden a un clima diferente, o, incluso, hasta que ese clima de un largo verano mediterráneo, se transforme en un verano perpetuo.


Y es que la puesta en escena de esta película consigue, sin grandes esfuerzos, sumergirnos en el mundo de Rita sin que cuestionemos la profunda irrealidad de lo que vemos, asumimos con absoluta normalidad la transición de realidad a fantasía o mundo mágico de manos de un diseño visual excelente. La presencia constante de la actriz es fundamental, se estimula nuestro sentido de la imaginación en compañía de una joven que sufre drásticos cambios de humor, pasa de la alegría al enfado en menos de lo que se aprieta el botón de un móvil, odia y ama a su amiga Sara por las mismas razones que parece mantener unas frías relaciones con sus padres o efusivas muestras de cariño. En el torbellino de la adolescencia todo está permitido y todo es susceptible de ser imaginado, no hay reglas y la fuerza del deseo consigue cambiar todo aquello que se quiere en busca de un futuro lleno de risas y bienestar. A la vuelta del verano habrá que ver si la imaginación de Rita se mantiene intacta, si esos fogonazos de éxito a base de insistencia y de inmadurez juvenil se mantienen, si esa fuerza vital que todo lo cambia es susceptible de permanecer inmutable, pero lo que nada se interpondrá será el recuerdo de haber hecho de su terraza, un observatorio de un paraíso tropical, ocultar lo feo del ladrillo y hormigón bajo marañas de vegetación efervescente, transformar el silencio de la urbanización y de la noche en un galimatías de sonidos de insectos y animales, conseguir que cualquier escenario sea propicio para recrear Melanesia en medio de Europa.

La puesta en escena consigue traspasar lo anodino de un relato juvenil de verano, de largas tardes inactivas y noches vacías, a un momento de ilusión mediante transiciones musicales cómicas y absurdas, como los ensayos de órgano que hace Rita, cona un colofón de estallido colorista y optimista cuando los empeños de la joven parecen dar resultado. Hay un logrado humor visual en las situaciones, heredero, y no hay empeño en ocultarlo porque la referencia, si no fuera evidente, se hace expresa, al cine de Aki Kaurismaki, pero con esta Rita no puedo dejar de pensar en una hermana tardía de las Pauline, Clara, Laura de Eric Rohmer, con esa misma mezcla de ingenuidad juvenil y pasiones desbordantes, con el mismo ensimismamiento adolescente pero atraídas por el brillo un tanto fatuo de la madurez del hombre. No son malos referentes para reivindicar una película, aunque no los necesita porque funciona por si misma como un preciso, y precioso, mecanismo de descubrimiento y, al tiempo, de modificación de la realidad. Los oráculos han abandonado los santuarios y las cartas del tarot en favor de nuevas tecnologías y juegos de azar mediante preguntas que se responden con títulos de canciones hasta que se da con la respuesta esperada, porque cuando la realidad no nos gusta se puede cambiar la misma tantas veces como se quiera. Para eso se es joven, para creer en un futuro a medida mientras la realidad no se empeñe en demostrar lo contrario.

Avionetas ficticias que surcan los cielos sin rumbo definido, pero que pueden traer al novio que la amiga tanto desea y no encuentra, avionetas que señalan un rumbo de aventura nunca conseguido, como el de un tatuaje en un brazo o una silueta en la pared que termina convirtiéndose en un graffitti repetido como seña de identidad. No hay mejor paraíso que el que uno consigue crearse, ni poder de sugestión mayor que el de la propia mente. Todos los empeños racionales de Rita para que el vecino se fije en ella resultan catastróficos, se exige la intervención de elementos sobrenaturales para que se consiga lo que se propone, en ese sentido, la larga noche que empieza en una hilarante reunión de copropietarios, interrumpida por la llegada de una densa niebla desconocida que proporciona el elemento onírico, cambia por completo el comportamiento de todos los habitantes, quienes parecen contaminarse con el mismo virus de Rita y decidir vivir en una especie de paraiso natural dentro de lo artificial. esa pluma de ave tropical que cambia de mano parece contener el germen del cambio incontrolable, porque a favor del deseo de Rita juegan fuerzas inexplicables que cambian cartas de lugar, mueven coches de manera involuntaria o arreglan móviles que se estropean en un rapto de rabia de la joven. Las pinturas étnicas con las que Rita se maquilla se deterioran por el uso de las nuevas tecnologías pero lo que importa es el brote de color y de sugestión que las mismas proporcionan, el espíritu rebelde que permite cambiar el mundo, transformando la película desde una especie de retrato absurdo y deprimente de la adolescencia a un estallido oportuno de desenfado y musicalidad festivo que me justifica cuando creía que la película no podía ser portuguesa. Prejuicios y estereotipos a desterrar, si fuera posible, para ello tenemos que aprender de Rita, una joven al sol que, impedida de viajar al paraiso, transforma su entorno en un auténtico Edén. Si estos son los efectos del amor irracional, bienvenidos sean al cine, incluso si vemos a Leonor Silveira en una película que podríamos calificar de «comedia».



Título original: John From. Francia, Portugal. año: 2015. Dirección: João Nicolau. Duración:99'. Estreno en Francia 4/05/2016. Guión: João Nicolau. Reparto: Julia Palha, Clara Riedenstein, Adriano Luz, Filipe Vargas, Leonor Silveira. Fotografía: Mário Castanheira.Productores: Luís Urbano, Sandro Aguilar. Producción: O Som e a Fúria, Shellac Sud.Distribuidores: Shellac Distribution