viernes, 26 de agosto de 2016

NUESTRA AMIGA LA LUNA (Velasco Broca, 2016)





NUESTRA AMIGA LA LUNA (Velasco Broca, 2016)

A quien conozca la obra precedente de Velasco Broca no le puede extrañar ni sorprender la sucesión de imágenes que proporciona la película, ni su tratamiento formal. Apenas 15 minutos en los que se acumulan muchas cosas, demasiadas quizás, y donde la complicidad del espectador es absolutamente necesaria para poder dotar de contenido aprehensible a la historia. O ¿quizás no sea necesario? Entre cine narrativo y cine de sensaciones es esta segunda opción la más necesaria para poder disfrutar de lo que vemos, que seamos capaces de ensamblar las imágenes, relacionarlas entre sí o asumirlas como eslabones sueltos de dos o tres historias unidas sin intención de unión puede que no sea lo relevante. Imágenes rodadas con cámaras Bolex no pueden dar como resultado un producto de masas ni debe contener relatos convencionales al uso.


Si, lo confieso, apenas si he entendido algo de lo que Broca me quiere contar, no se si lo que me ha parecido entender tiene algo que ver con  la propuesta. Mi analfabetismo visual queda plasmado en mi imposibilidad de asumir el reto. Repito la experiencia porque el espectador no es siempre el mismo y hay días en los que la atención  no es capaz de percibir lo sutil. Vuelvo a fracasar, aunque en una segunda visión, menos pendiente de seguir un hilo narrativo que me una las dos historias principales, disfruto más de las imágenes que de su sentido, de las texturas deliberadamente envejecidas, de las contradicciones de un país de permanente tradición como la India enfrentado a la revolución tecnológica y capitalista que surge del interior del mismo. No puedo discutir que uno de los personajes sea un monje o especie de personaje místico de origen ruso, ni que los extraterrestres jueguen un papel relevante en la trama, ni que actos de aparente inanidad en el este provoquen terremotos vitales en el oeste (los paisajes fundamentales de la película son Varanasi y Allahabad en la India y Santa Comba en los alrededores de El Ferrol), no lo puedo discutir porque no consigo entender los argumentos, pero tampoco los puedo compartir porque no los veo en la película.



 TRAILER DE LA PELÍCULA




Relacionar a un sacerdote católico de unos aparentes años 20, una mujer seductora a lo Louise Brooks, un discapacitado hindú de rostro deforme y pies retorcidos y enfrentados y un santón de enigmática aparición y surrealista comportamiento escapa a mi concepción y a mi capacidad de abstracción. Leo que el relato está libremente inspirado en el Himno de la Perla, un texto religioso del siglo III y que parcialmente reza así: “Cuando era un niño vivía en mi reino en la Casa de mi Padre, y en la opulencia y abundancia de mis educadores me solazaba, cuando mis Padres me equiparon  y enviaron desde el Oriente, nuestra Patria. De las riquezas de nuestro tesoro me prepararon un hato pequeño.” Así empieza el relato, pero las imágenes corresponden a un sacerdote cuyo cuerpo se desdobla, despertando en la India un ser deforme que enciende un pequeño altar con fotografías parciales que, juntas, forman un rostro y una composición que, por separadas, parecen un cuadro cubista en el que se percibe una pistola. Este hombre con discapacidad pasa a servir a un hombre que inspira sabiduría, fortaleza, religiosidad, pero que también comete actos imprudentes, roba una caja con un contenido que desconocemos, ¿será la perla?, se comunica con seres superiores mediante un rayo cósmico que nadie más ve, seres que imaginamos por esos planos aéreos que suponemos que alguien tiene sobre nosotros y nuestro mundo, un rayo que la joven, en el otro extremo del mundo, si ve y corre hacia él sin alcanzarlo, un rayo como símbolo de liberación, de conocimiento extremo, de sabiduría máxima, quien sabe. Un santón que organiza una procesión por las calles de Varanasi que parece una semana santa andaluza, repartiendo riquezas y alegría, vestido rigurosamente de negro durante toda la historia, en esa procesión aparece de blanco, para, una vez dormidos todos, volver al negro sentado en la carroza, rompiéndose tiempo y espacio para observar  a dos figuras, en un paisaje de acantilado, saliendo de una iglesia (Santa Comba), persiguiendo la vestida de negro a la de blanco, y cuando la cámara se acerca al primer plano es el cura quien agarra a la mujer y se produce el desenlace.


La disposición del espectador a interactuar con  las imágenes ha de ser máxima, si existe la intención  de que relacionemos todo lo que se ve,  hay que partir de un necesario elemento que juegue como pista, nada nos lo va a indicar, ligeras sutilezas como el desdoblamiento o los colores de las ropas. Si una acción en un lugar provoca la contraria o la reacción en otro extremo del planeta acerca la propuesta a lo místico o a lo extrasensorial, y es que el cine de Broca se nutre de la ciencia ficción, sí, pero también del slapstick, del cine negro, y sus imágenes remiten a un referente español a reivindicar como Val del Omar, no sé si el proyecto surge como la necesidad de rodar algo sobre el país en el que el director ha vivido los últimos años y posteriormente se transforma en otra cosa (así las panorámicas sobre la ciudad que acercan la película a un documento “turístico pintoresco”, el río, el templo, los brahmanes, las svásticas colosales enfrentadas a la acción en si misma que se distorsiona con una banda sonora absolutamente incompatible con lo que vemos, por ejemplo en la escena del despertar la canción flamenca, o la canción en castellano con la procesión india) pero lo que presumo es la imposibilidad de que deje indiferente. Déjenme seguir reflexionando sobre lo visto, todavía no sé si estoy ante cine original, importante, con estilo propio o ante una tomadura de pelo con enorme sentido de la imagen, sí, es cierto, la diferencia es enorme, pero no siempre es fácil definirse. No obstante, seguiré viendo el cine de Broca.


Director: Velasco Broca. Intérpretes: Satish KumarBlack BabaJulián GénissonBeatriz LoboJuan Antonio Herreruela .Producción: Luis Cerveró, Ignacio Martin de la Cruz. Fotografía: Emilio Rebollo, Cormac Regan, Maite Sanchez Astiz. Guión: Jesús Sáenz de Pipaón, Francisco Jota Pérez, Velasco Broca. Sonido: Roberto Fernández, Matías Nadal. Montaje: Velasco Broca, Daniel García. Dirección artística: María Ruiz Jimenez, Davinia Álvarez. Productora: Bravo Tango Zulu