martes, 31 de enero de 2017

MOONLIGHT (Barry Jenkins, 2016)

MOONLIGHT (Barry Jenkins, 2016)



Parecería en estos tiempos de corrección politica que criticar negativamente, o de manera poco entusiasta, una película realizada en exclusivida por directores y actores de raza negra es sinónimo de racismo o de supremacía blanca. Obviamente no participo de esa teoría y simplemente me ciño a lo cinematográfico, y lo cinematográfico "negro" que llega desde el propio sistema dominado por los blancos, no deja de ser un conjunto de productos destinados, más a pensar en la recaudación y la amplitud de públicos, que en la reivindicación de lo racial o a denunciar el latente, cuando no evidente, racismo de todas las sociedades, más cuando son multiculturales y no existe igualdad.


Me pasa con "Moonlight" lo que me ha pasado con "El nacimiento de una nación" de Nate Parker o los "12 años de esclavitud" de Steve McQueen. No hay peros que poner a la realización, clasicista, muy formalista, muy siguiendo el patrón clásico aristotélico de la presentación, nudo y desenlace. Es un cine muy poco dado a la sorpresa, al riesgo, a impactar con algo que no sea el drama personal de sus protagonistas, un cine "académico". En los 80-90 aparecieron directores que se fueron diluyendo, pero que aportaron una forma diferente contando historias propias de la comunidad negra norteamericana, los conflictos raciales con otras minorías, el choque cultural entre generaciones, el abuso policial, las diferencias clasistas entre la mayoría empobrecida y la minoría enclavada en barrios exclusivos para gente acomodada. Los Lee, Singleton, Van Peebles, encerrados en sus comunidades, aportaron cierta bocanada de rebeldía, que el tiempo ha borrado. La nueva generación de cineastas negros parece que prefiere seguir la senda abierta por McQueen con su visión de una esclavitud que agrade al público blanco, en vez de indagar en los problemas reales de su comunidad.



De hecho "Moonlight", de bella factura, imágenes hasta preciosistas en medio del desastre, con guión diseñado al gusto Sundance, transcurre en un barrio negro de Miami como podía ocurrir en el Bronx de Nueva York, en la banlieu de Paris o en un barrio chabolista europeo. No es el color de la piel de los actores lo que determina la historia, sino que la historia viene determinada de antemano para ser interpretada por actores afroamericanos, tanto podían ser negros como hispanos o como blancos de clases bajas, no hay particularidad en la propuesta. No hay identidad racial en la historia, ni en este caso es la raza la que provoca la discriminación, de hecho no existe ni una sola referencia a la desigualdad racial como elemento que provoca la situación, y la historia se limita al crecimiento de un niño, la formación de un adolescente y la madurez joven del mismo protagonista en tres momentos puntuales de su vida. La ausencia paterna, sustituida por un jefe mafioso de barrio, narcotraficante que "adopta" al niño como sustitutivo del hijo que no tiene, una madre drogadicta, violenta, que desatiende al menor, también sustituida en el interior del joven por la novia del traficante, y el acoso escolar al que se ve sometido el personaje de Chiron por su timidez y fragilidad, son las notas biográficas que hacen de éste lo que es, un argumento fácilmente trasladable a cualquier tiempo, lugar y persona.


"Moonlight" podría haber sido un drama familiar, un "noir" de narcotráfico, o una historia de homosexualidad abierta y valiente, pero al final no es ninguna de las tres cosas porque ninguna tiene el desarrollo suficiente, la profundidad necesaria para ahondar en todas las posibilidades abiertas, ni el arrojo para decidirse por la más sencilla y la más arriesgada. Convertir a Chiron en el personaje del traficante que le enseñó lo que podía ser una relación paterno-filial es algo discutible, la forma de afrontar la relación madre-hijo en la madurez mucho más, sobre todo con las pinceladas propias de telefilme con las que nos presenta esa incomunicación, pero la revelación de una homosexualidad latente en Chiron y su amigo, interrumpida por un episodio de traición violenta, interrumpida durante diez años de manifestado celibato en Chiron, aparece moralizante, conservadora, idiotizante.


Enseñar a nadar no es lo mismo que enseñar a vivir, y parecería que un sector de la crítica se ha conformado con que le enseñen a nadar viendo una película sin riesgo alguno, formada a partir de extractos y recuerdos que no terminan de crear a una persona, sino a un personaje. Una película monótona que apunta y no traspasa. La sensibilidad está muy bien si conduce a algún lugar, mostrar la inadaptación de una persona sensible que se transforma en la antítesis, manteniendo en su interior el recuerdo de una noche de luna exige, para mi gusto, mayor y mejor explicación que un sillazo vengativo y por la espalda. No se hace una película solamente con bellas imágenes, ni con situaciones de intimidad manifiesta, los personajes aislados de su contexto terminan por cojear al romper la narración en tres momentos temporalmente muy separados. El relleno entre esos momentos es tan importante y podía haber dado tanto de si, que el resultado final se me antoja frustrante, es como presenciar tres mediometrajes con hilo conductor pero sin argamasa suficiente entre ellos, uno termina con la sensación de que la película era susceptible de haber dado mucho más, de haber podido ser grande si se hubiera desatado en algún momento, en vez de permanecer encorsetada.


Título: Moonlight. Dirección: Barry Jenkins. País: Estados Unidos. Año: 2016. Duración: 111 min.
Reparto: Andre Holland, Mahershalalhashbaz Ali, Naomie Harris, Janelle Monaé. Productora: Plan B Entertainment, Upload Films, A24, Pastel. Compositor de la música original: Nicholas Britell. Diseño de producción: Hannah Beachler. Diseño de vestuario: Caroline Eselin. Guionista: Barry Jenkins. Montador: Nat Sanders