jueves, 1 de junio de 2017

CRUDO (Grave, Raw, Julia Ducournau, 2016)



CRUDO (GRAVE, RAW, Julia Ducournau, 2016)

 En un mundo paternalista, falócrata, patriarcal, la nueva esperanza siempre debe provenir de las nuevas generaciones, son ellas las más capacitadas para detectar el problema y enfrentarse a ello, aunque sigas teniendo progenitores ultraprotectores que teman dejarte sola en una facultad en medio de un escenario que augura lo inhóspito de la experiencia, lo traumático de afrontar el cambio en medio de las novatadas humillantes que los veteranos ejercen sobre los nuevos estudiantes. Esta segunda escena de ambiente familiar viene precedida de otra impactante e inquietante, y que introduce el elemento de terror psicológico con el que Ducournau maquilla su propuesta de reivindicación femenina, en una carretera provincial bordeada por árboles, un coche circula sin problemas hasta que una silueta se interpone en su camino y le obliga a dar un volantazo que estrella el coche contra uno de los árboles. Observamos lo ocurrido desde la distancia, sin que la cámara acerque el objetivo a lo que está sucediendo, al tiempo somos observadores imparciales y al tiempo nos mantenemos alejados por la atmósfera de peligro que rodea lo que vemos y lo que intuímos. Ese cuerpo que ha provocado el accidente se levanta, se dirige al coche, abre la puerta y se introduce en el vehículo, hasta aquí vemos, hasta aquí llega lo que se nos quiere contar al inicio. Más adelante identificaremos el abrigo, la escena será más explícita, las razones más evidentes, pero en su inicio, la película siembra el efecto de intriga perseguido.


El progresivo acercamiento de Justine (Garance Marillier) a su hermana mayor Alexia (Ella Rumpf) ya estudiante de la misma facultad, es el camino que va a producir la progresiva separación respecto de la figura materna, ésa que impone una dieta de estricto vegetarianismo, que se preocupa por el futuro de la hija menor sabiendo que la mayor ha desobedecido sus recomendaciones, una Alexia que incita a Justine para que se inicie en el consumo de la carne tragando ese riñón de conejo crudo que forma parte de los ritos de iniciación universitarios. En la incitación de la hermana se esconde la provocación para que en Justine surja una repentina necesidad de comer carne, y además, cruda. Como reacción a ese ocasional consumo, el cuerpo de Justine se descompone, se deteriora, sufre una metamorfosis que la joven no es capaz de identificar. Una aparente intoxicación alimentaria que no es sino un cambio de piel, de animal vegetariano a animal carnívoro y feroz, capaz de desarrollar una fuerza y fiereza desconocida en cuerpo tan frágil, un animal cuya mirada cambia ante la visión de una pieza apetecible, una lucha mental más que física que sólo admite sucedáneos y que, realmente, sólo sacia cuando el mordisco se dirige a un cuerpo vivo o moribundo. La mirada del cazador frente a la presa que no sabe que lo puede ser. Sexo y violencia se mezclan así en la edad en la que todo parece obedecer a cambios hormonales y necesidad de experimentar. Entre los cadáveres de animales de la facultad de veterinaria, el instinto dormido, pero involuntariamente despertado, se convierte en un camino de aprendizaje para conocerse y dominar lo que la naturaleza ha marcado en la genética.



La sangre, y puede que con ello el desagrado visual de la víscera, el músculo, el desgarro, puede pecar de excesivamente explícito en una propuesta que defiende lo femenino desde la reivindicación por asentarse como sexo igual de fuerte que el masculino, es una lucha por colocarse en igualdad en la cadena evolutiva a golpe de mandíbula, una venganza feminista reivindicando la sangre que fluye naturalmente del cuerpo de la mujer por su propia condición y que debe ser repuesta para que el ciclo se perpetúe. Asistimos a una venganza contra la concepción patriarcal de la mujer, que pasa a ser el elemento dominante de las parejas, el elemento fuerte, no sólo por fortaleza mental, sino por control físico sobre las parejas estables u ocasionales. Compartimos con Justine el terror que le provoca su autodescubrimiento, el pánico al comprobar qué tipo de carne es la que realmente sacia esa voracidad animal que se extiende a su modo de concebir lo sexual, la incredulidad de no ser única en su especie, el anonadamiento de la revelación paterna como confidencia necesaria para admitir su singularidad. En las imágenes de “Crudo” gravita la referencia clásica de “Carrie”; cuando el manto de pintura roja-sangre cubre a la nueva promoción de universitarios hay el mismo juego humillante que en el referente de De Palma, pero exento, aún, del componente sexual de aquélla, aunque sea la primera de una sucesión de imágenes en las que la sangre salpicara el rostro de la joven, por imprudencia o por necesidad irreductible. En el “corpus imaginario” el uso de la violencia, su retrato visual, remite al referente más cercano de otra película francófona como “Martyrs” de Pascal Laugier, y en el reflejo del canibalismo que permite sobrevivir planea la excelente “Somos lo que somos” de Jim Mickle, inspirada en “Somos lo que hay” de Jorge Miguel Grau.



Película atmosférica que he de reconocer no me dejó especial buena predisposición recién vista, pero que reposada unas jornadas, y una vez que el cerebro olvida el elemento “gore” inevitable, alcanza su importancia en la reivindicación de la singularidad, el respeto al diferente aunque trufado de la victoria del más fuerte, y el elemento feminista que surca todo el relato para dar un sonoro puñetazo en la mesa contra un mundo machista que se desenvuelve con el estereotipo de adolescentes machos y hembras en plena edad de copular ,donde el cliché de hombre a la caza y mujer seductora y sumisa sufre un vuelco con la permanencia de las hermanas Justine y Alexia en las dependencias universitarias que, como un personaje más, crean una atmósfera inquietante con el uso de la puesta en escena con pasillos, espacios y dependencias solitarias que ayudan a crearnos una apariencia de soledad y desamparo inicial que va transformándose en conocimiento y equilibrio de una singularidad que, bien controlada, permitirá veladas muy salvajes en la intimidad. El deseo de Justine de ser una más, una estudiante anónima, esconderse en un rincón confortable en el que no sea molestada, desaparece por culpa de una minúscula porción de carne cruda comida a destiempo, “ya estoy perdida”, dice la joven al llegar a la universidad y ser dejada por los padres en medio de un aparcamiento, lo que desconoce es hasta qué punto va a encontrarse como alguien absolutamente diferente.



Francia. 2016. Título original: GRAVE (Crudo en España, Raw en el mercado anglosajón). Directora: Julia Ducournau. Guion: Julia Ducournau. Productor: Jean des Forêts. Productoras: Petit Film / Rouge International / Frakas Productions. Fotografía: Ruben Impens. Música: Jim Williams. Montaje: Jean-Christophe Bouzy. Dirección artística: Laurie Colson. Reparto: Garance Marillier, Ella Rumpf, Rabah Nait Oufella, Laurent Lucas, Bouli Lanners, Joana Preiss, Marion Vernoux

TRAILER