miércoles, 11 de octubre de 2017

ABRIR PUERTAS Y VENTANAS (Milagros Mumenthaler, 2011)

ABRIR PUERTAS Y VENTANAS (Milagros Mumenthaler, 2011)

Apenas dos películas y de pocos creadores audiovisuales puedo tener tantas esperanzas como en el futuro cine que nos pueda llegar a ofrecer la directora argentina Milagros Mumenthaler. Cine hecho para sentir viendo más que para querer entender todo lo que se ve. El cine ha de ser mirada, y la mirada, llena de luces y sombras, abunda en la excepcional «La idea de un lago», cuyo éxito seguro ha permitido recuperar esta otra joya perdida como es «Abrir puertas y ventanas», nada sutil título para expresar lo que la película reivindica en este ejemplar acompañamiento de tres jóvenes semiadolescentes cuyo futuro cambia de repente y les obliga a empezar a asumir decisiones que, en condiciones normales, aún no les corresponderían. Muy cómoda, sea por decisión personal o por simple inclinación subjetiva, en los personajes femeninos, la cámara de la directora penetra en la intimidad de estas tres jóvenes de manera tímida, con recato y pudor, desvelando poco a poco sus secretos, abriendo sus puertas de manera sutil, sin estridencias ni forzamientos. Son los días, las semanas posteriores al fallecimiento de esa, suponemos, omnipresente y dominadora abuela, los que van facilitando esa apertura, que no por tal ha de ser alegre ni liberadora, sino, incluso, dolorosamente sorprendente.




Although I've been away so many lonely nights 
You know I'm back today, I'm back to stay in your arms 
Although I've been around and lived the life I said I loved 
You know without you honey, all I do is worth nothing
And girlie, don't cry for me 
Although there might be other people in my life 
Honey, on my mind, you will always find there's only you 
And though you say you'll journey to some foreign land 
I'll remember you, yes, and I'll be true to your memory
And when at last you do come wandering home to me 
I might look at you but it will be through the weeks between 
And when I hold you it might not be you I have 
In the passing days, we might both have changed to something new. 
De «Back to stay de Bridget St. John.» 



Uno de los momentos culminantes de esta delicada composición que es «Abrir puertas y ventanas» (mucho tiene que ver en el discurrir tranquilo y envolvente la perfecta conjunción de la imagen y lo musical, donde el trabajo de Fran Gayo en esa faceta, e incluso el de la actriz Ailín Salas cantando alguno de los temas compuestos exprofeso para la misma, ha de destacarse) se produce a los sones de esta canción que refleja perfectamente el aire melancólico, extrañado, confuso, de las tres jóvenes hermanas que comparten una vieja casa de la que falta el referente adulto. El cine de Mumenthaler viene marcado por la ausencia y el recuerdo, pero también por la necesidad de reponerse, superar la pérdida, permitir el paso del aire allí donde todo invita a encerrarse, a permanecer enclaustrado. La canción invita a dejarse mecer, a sentirse arrullado, acariciado, pero el presente de Violeta (Ailín Salas), Sofía (Martina Juncadella) y Marina (María Canales), pese a ese respeto y cariño fraterno que parece natural, no evita que entre las tres existan muros invisibles que provocan el conflicto entre la necesidad del desarrollo individual, el mantener una intimidad y unos secretos personales que, y compatibilizar una vida armónica entre todas que va resultando imposible hasta dudar acerca de su propio origen. Si la música arrulla, el día a día va separando a las hermanas que, como la marea, se acercan y se distancian, estableciendo rivalidades y luchas de poder interno que dificultan la convivencia y subrayan a la perfección la diferente personalidad de cada una.




Parecería que nos adentramos furtivamente en este pequeño universo femenino que, incluso para ellas mismas, necesita ser explorado, unas puertas se van abriendo mientras otras, sorpresivamente, se cierran de improviso. Empujadas a la edad adulta precipitadamente, los espacios de la ausente se invaden con temor, con respeto y con miedo a encontrar algo que no se deba, pero al tiempo se exploran, se analizan y se usurpan, como esa cama mecánica sobre la que cada una se va tumbando, más como reafirmación de una toma de posición que como experiencia nada erótica ni relajante. Con la timidez de quien avanza en territorio desconocido y ajeno, el espectador es llevado por la cámara de estancia en estancia, de rincón en rincón, mirando, breve pero fijamente, cada espacio de la casa, lugares que permanecen inmóviles e inmutables como si el pasado más reciente se negara a abandonar a las chicas, y al tiempo, impidiera a éstas tomar sus propias iniciativas. Permanecer impasibles e inmóviles ante el futuro conlleva la putrefacción de la relación, lo viejo necesita renovarse, esa casa, vista desde fuera, con esa verja herrumbrosa, ese descuidado jardín, ese árbol de raíces enfermas, parece infectar el torrente sanguíneo de las hermanas hasta convertirlas en desconocidas íntimas, de manera que son capaces de dudar entre sí o desconocer hasta lo más básico de la intimidad de las otras. Se impone distanciarse, conocerse primero interiormente para luego, si es posible, retomar un contacto no absolutamente roto, abriendo puertas que siempre permanecieron cerradas pero dejando otras absolutamente infranqueables. La casa, que apenas abandonamos aunque las jóvenes siguen haciendo su vida diaria con normalidad, no es un territorio que encarcele, todas son libres de ir y venir, la casa pued asfixiar, parecer claustrofóbica, por el recuerdo y por la imposibilidad liberadora conjunta, pues esas puertas y ventanas que se abren terminan siendo las del pasado, no las de cada una de las jóvenes que necesitan su espacio de intimidad personal, y el encierro no deja de estar acompañado de luz, aunque tamizado por cristales interpuestos entre el interior y el exterior.


Si un sofá es el territorio neutral de convivencia, de recordatorio, de melancolía compartida, una cama, o un armario, pueden convertirse en territorio de conflicto, de duda, de rencor enquistado. El rol que la edad atribuye a cada una de las hermanas termina siendo repudiado por todas ellas, ni la mayor quiere convertirse en madre de sus hermanas, ni la mediana aceptar la indiferencia del segundón, ni la pequeña ser la niña mimada de las hermanas mayores que nunca vaya a crecer. Acomodarse en una hamaca y dejar pasar las horas es volver al útero confortable, recuperar a una madre que las abandonó a destiempo para sentirse, ficticiamente, protegidas y seguras; colocarse un corpiño ajeno y amarse a escondidas es reivindicar un crecimiento que se niega a tu alrededor demostrando la ceguera de quien mira pero no ve, hacerse más adulto pese a que las demás no lo conciban ni imaginen. Cerrar de golpe una puerta abre, por efecto de la corriente y la presión, otras que permanecían llenas de recuerdos y de infancia. Hay que descerrajar la casa para que corra el aire, hay que vaciar las estancias para dotarlas de personalidad propia, colocar un  poster para adueñarse de un territorio que era ajeno hasta entonces, ser capaz de mirar sin la interposición de un cristal, de un espejo, de una puerta entornada. Armarse de valor para ser uno mismo con sus contradicciones, pactar un armisticio con tu hermana y sincerarte en lo básico. Si la cámara entró con timidez en el universo de Marina, Sofía y Violeta, con la misma timidez, con el mismo respeto, con la misma suavidad, abandona la casa, poco a poco, tras moverse por los tres personajes que quedan en la estancia al final de la película, la imagen tras el cristal refleja a tres personas que ya no son las mismas que al principio. La cámara ha invadido un territorio inexplorado con la cautela de quien quiere preservar el espacio ajeno sin inmiscuirse, oscilando del dentro-afuera al afuera-dentro, respetando las puertas cerradas, y una vez que nos ha ofrecido el interior es momento de abandonar a los personajes que han abierto algunas de sus puertas y ventanas.






ABRIR PUERTAS Y VENTANAS. Argentina/Suiza/Holanda. 2011. Dirección y guión: Milagros Mumenthaler. Fotografía: Martín Frías. Edición: Gion-Reto Killias. Intérpretes: María Canales, Martina Juncadella, Ailín Salas y Julián Tello. Productora: Ruda Cine; Alina Film; Waterland Films. Producción: Violeta Bava, David Epiney, Rosa Martínez Rivero, Eugenia Mumenthaler. Sonido: Henri Maïkoff, Diego Martínez, Etienne Curchod, Benoît Biral. Dirección Artística: Sebastián Orgambide. 96 minutos