domingo, 25 de febrero de 2018

THE CHALLENGE (Yuri Ancarani, 2016)


THE CHALLENGE (Yuri Ancarani, 2016)


Un Lamborghini negro circula a toda velocidad por el desierto, imaginamos, por el vestuario, que nos encontramos en algún país de la península arábiga, el conductor viste de blanco inmaculado con una mano mientras la otra reposa sobre la palanca de cambios y, ocasionalmente, acaricia a su elegante acompañante. Ni más ni menos que un guepardo ocupa el asiento del copiloto del deportivo de lujo. Esta es una de las imágenes impactantes de un documental deliberadamente concebido para demostrar hasta donde llega la ostentación humana en los preámbulos de una competición de cetrería, un deporte de domesticación y caza sirviéndose de la naturaleza, un deporte que, al menos en esta pieza, simboliza el derroche, la desigualdad económica, el capricho, el absurdo surrealista de comportarse como advenedizo incontestable gracias a los dólares que forran tus riñones. Por si alguien se siente ajeno a lo que ve, sin respuestas, el ojo humano le hace ver un monolito negro en medio de la nada, es una pantalla de vídeo vista de perfil, pero, de manera deliberada, su presencia remite a "2001", aunque esta odisea sea muy terrenal pero alejada de la inmensa mayoría de nosotros.


Ancarani afronta el documental como un conjunto de "set-pieces" destinadas a cautivar la mirada desde el absurdo de composiciones que a nuestros ojos occidentales se antojan imposibles. Compartir un jet privado con media docena de halcones, cada uno en su punto de apoyo que sustituye a la butaca, un motero que circula por el desierto acompañado de un séquito de motoristas sin que nadie ose adelantarle ni ponerse a su lado si no es invitado, que cuando se para para rezar en medio de la nada, son otros los que le colocan la alfombra en dirección a La Meca, y mientras él se arrodilla sobre mullido, el resto lo hace sobre el asfalto y un paso por detrás del líder, que para marcar su diferencia de status, conduce una motocicleta chapada en oro. Todo parece milimétricamente pensado, sin margen a la improvisación, como paso previo a la competición, tan envarado y reglado que ni la presencia inmóvil e hierática de cetreros y propietarios ayuda a sumergirse en este océano de irrealidad.

Todo es desorbitado, excesivo, alucinatorio en el comportamiento de estos hombres, hombres porque ni una sola presencia femenina aparece en su metraje. Excesivo como el campo de entrenamiento cubierto en el que lo halcones disfrutan de aire acondicionado, abusivo como colocar una pantalla gigante de televisión en medio del campo de caza mientras los principales de este grupo de adinerados disfruta del espectáculo bajo la sombra y sentados en amplios sillones versallescos. Alucinatorio como circular a toda velocidad sobre las dunas en los 4x4 último modelo que se van concentrando en la zona de competición, arriesgando su integridad, pero también la del resto que observa las maniobras sobre planos inclinados de 45 grados en los que, la más mínima vacilación, provocará que el coche ruede y caiga en numerosas vueltas de campana.

Tal acumulación de extravagancias produce el efecto imaginado de algún tipo de droga, como si sufriéramos una alucinación dudaremos si en este mundo es posible tal acumulación de derroche y absurdo en tan pocos metros cuadrados. Todo sigue un ritual y una tradición donde el lujo, y ser reconocido como poderoso, va unido al hecho objetivo de la caza de la paloma, que parece resultar casi hasta accesoria viendo lo que rodea al espectáculo, aunque no deja de formar parte de él ,terminando por ser lo fundamental hasta el momento de soltar a la presa y quitar la caperuza a la rapaz, quien satisfará el instinto competitivo de su dueño utilizando su propio instinto natural que sólo hace lo que su genética le indica. El director italiano mezclará, a las imágenes rodadas con sentido de captar la belleza del absurdo, una cámara subjetiva instalada en una de las aves, ello no impedirá vislumbrar que, tras la caza, lo que queda es un rastro de sangre y plumas, es el momento de que el gerifalte (en este caso el halcón blanco, no el jeque) vuelva a pasar por su sesión de embellecimiento, limpieza, acicalado y afilado de garras. El show debe continuar.

THE CHALLENGE. Francia, Italia, 2016. DIRECTOR: Yuri Ancarani.. Fotografía: Yuri Ancarani, Luca Nervegna, Jonathan Ricquebourg. Sonido: Mirco Mencacci. Editor: Yuri Ancarani. Musica: Lorenzo Senni, Francesco Fantini. Diseño de Producción: Stéphane Dougoud, Tanguy Thirion. Grafismo: Apart Collective. Productores: Christophe Gougeon (Atopic), Fabrizio Polpettini – Pierre Malachin (La Bête), Tommaso Bertani (Ring Film). 68 minutos.