miércoles, 21 de marzo de 2018

RESURRECCIÓN (Eugenio Polgovsky, 2016)



RESURRECCIÓN (Eugenio Polgovsky, 2016)

Un mar de espuma blanca e inmaculada embellece, y oculta, una realidad devastadora. Un primer plano de ese mar de espuma, sin referente previo, podría invitar a un relajante baño de fragancias espléndidas, pero cuando esa espuma cubre la superficie de un río en toda su extensión y anchura, cualquier poesía, cualquier intento de embellecer lo que se muestra, resulta imposible, aumentando el efecto irritante de la estupidez humana teñida de avaricia e irresponsabilidad. Las películas de Polgovsky son certeras hasta en sus títulos porque en su definición juegan al equívoco y al sobreentendido, las ceremonias del pasado se pervierten por el mercado del presente, las resurrecciones tienen más de grito estéril de supervivencia que de real cambio de las cosas, los herederos de este mundo están condenados a mantener la pobreza y la ignorancia de sus mayores, el trópico de cáncer está muy alejado de las historias eróticas de Miller o de la idílica imagen turística del Caribe mexicano. Polgovsky toma partido por los más débiles sin necesidad de explicar; basta con mostrar los efectos del colonialismo, de la oligarquía y dejar que las imágenes cuenten por si solas; con ayuda del montaje claro, porque hablamos de cine, y el cine no tiene por qué ser neutral, máxime si busca exponer y denunciar.


Entre Jalisco y El Salto, la cascada de Juanacatlán es testimonio viviente de cómo en apenas una generación, un lugar paradisiaco puede transformarse en un vertedero y, además, en un riesgo real para la salud y la vida de los habitantes de los alrededores. Lo que en los 60 era un lugar de reunión familiar, un atractivo turístico incluso para los extranjeros, bautizado como “el Niágara” de México, se ha transformado en muerte, contaminación, enfermedad, pobreza. En el cine del recientemente fallecido joven director mexicano no se oculta la relación estrecha entre pobreza e indigenismo, si es que el uso de esta palabra es adecuado, pero en todas sus películas, filmadas alrededor, de una u otra manera, de los habitantes originarios del país y en numerosas zonas del mismo, para remarcar esa extensión del problema, terminan reflejando las míseras condiciones de vida de estos grupos étnicos en medio de la desigualdad galopante fomentada por la falta de escrúpulos del gobernante local y estatal. Esto ocurre en las riberas de El Salto, una supervivencia afectada por la muerte del río, que ofrece peces enfermos, aguas contaminadas, aires tóxicos; mientras los residentes sufren enfermedades de la piel, tumores imprevisibles y galopantes, insuficiencias renales o respiratorias. Un río en el que no es posible ni bañarse, pero del que los más necesitados tienen que seguir extrayendo una pesca miserable con la que subsistir, aún sabiendo que están comiendo veneno.

A alguien en los 70 se le ocurrió que el lugar era un emplazamiento perfecto para situar a la industria de la zona, 400 factorías, que han vertido sistemáticamente sus residuos, sin depurar, a un río que ha sido asesinado. Empresas que, colaborando en proyectos medioambientales en otras partes  del país obtenían la calificación de empresas ecológicas aunque estuvieran arrasando otra zona de alto valor que ha ido perdiendo flora y fauna de manera alarmante sin que nadie lo impidiera, del mismo modo que, la industria atraía a una población itinerante obligada a vivir de manera marginal alrededor de ese cementerio viviente, incrementando las basuras diarias cuyos lixiviados se filtraban a los arroyos que alimentaban el cauce principal. La película hace así las veces de denuncia y de recuerdo, un recuerdo tanto visual como oral, porque Polgovsky utiliza viejas imágenes del mismo lugar en tiempo pasado confrontadas con las del presente, mientras quienes conocieron el río cuando era tal, cuentan cómo era aquella Arcadia idealizada de grandes peces, de placenteros baños, de innumerables aves que encontraban refugio y alimentación en el lugar. Mientras del salto de la cascada sólo salía el vapor del agua como efecto de la caída, la realidad más prosaica es que, ahora, de ese vapor ya no queda resto alguno, siendo sustituido por una nube voladora de pequeñas partículas de espuma que flota en el ambiente.


En Juanacatlán es donde “se nos robaron los sueños”, “se transformó en el lugar donde el agua envenena”, donde coexiste una indignación contenida con una resignación desesperanzada. Apenas un rayo de luz, una mínima resurrección en forma de movimiento colectivo dedicado, pese a la amenaza latente de una represalia en un país donde la vida vale muy poco, a denunciar la situación y a provocar la reacción del poder para intentar recuperar el lugar. El “tour del horror” ha sustituido a las excursiones de recreo, comprobar los efectos devastadores de la codicia en forma de destrucción cuando ya no es posible el goce de disfrutar una panorámica que debió ser espectacular y ahora se encuentra ya disminuida, incluso, por la existencia de un puente que oculta la propia magnificencia del salto natural del agua. Por doquier las imágenes demuestran la corrosión, el abandono, las viejas factorías y centrales eléctricas sobre las que parece haber pasado una guerra, en las que se acumula la podedumbre, donde el listado de personas no busca su reconocimiento por lo que hicieron en vida, sino catalogar las causas de su muerte, siempre muy cercana a los efectos nocivos de esa contaminación sin freno. Si no lo supiéramos, ese mar de espuma parecería un cielo invertido lleno de nubes, pero bajo la espuma ya no queda agua, hay lodo, muerte, un aire irrespirable que aconseja deambular por la zona con máscaras y filtros respiratorios, algo muy lejano para mucha gente que apenas consigue sobrevivir con lo puesto. La arteria vital por la que respiraba ese lugar ha colapsado, peces moribundos, aves envenenadas, hombres, mujeres y niños a los que se inocula veneno día tras día y que hace tiempo perdieron la esperanza de conocer un mundo mejor, llega un momento en que Polgovsky muta las imágenes, las presenta como un negativo coloreado, intenta maquillar tanta cruda realidad para acercar el presente al pasado. Es un deseo, pero nada, ni nadie, es capaz de engañar a quien vive a su alrededor.


RESURRECCIÓN. México. 2016. Dirección: Eugenio Polgovsky. Guión: Eugenio Polgovsky. Producción: Julio Chavezmontes, Eugenio Polgovsky. Compañía Productora: Piano, Tecolote Films. Fotografía: Eugenio Polgovsky. Edición: Eugenio Polgovsky. Sonido: Enrique Enciso, Marcelo Nieto, Mara Polgovsky, Eugenio Polgovsky. 91 minutos.