lunes, 16 de abril de 2018

A CIAMBRA (Jonas Carpignano, 2017)

 A CIAMBRA (JONAS CARPIGNANO, 2017)

Compromiso no es militar en una obra de arte para vender una idea perfecta del mundo que se espera o se desea, ni tan siquiera vale reflejar lo que debería ser la reacción ante la injusticia esperando que haya personas capaces de utilizar su poder de decisión para cambiar el orden de las cosas. Comprometerse en la obra de arte también es limitarse a reflejar la realidad sin adornos, incluso sirviéndose de una ficción que muchas veces nos hace dudar si no estaremos ante un reportaje antes que ante un resultado de la imaginación. Carpignano retoma a personajes de "Mediterránea", ahora que parece que sólo a Linklater se le reconoce la capacidad de hablarnos, y filmar, sobre el tiempo y su paso, y reelabora su corto "A ciambra" siete años después, para ahondar en los depósitos de desechos del primer mundo, depósitos destinados a seres humanos tratados, y catalogados, como meras bestias. En estos suburbios abandonados de Calabria, donde los servicios públicos no llegan, donde el poder ha desistido hace tiempo de sus obligaciones, los marginados del sistema, y las nuevas levas de indigentes procedentes de África, se convierten en los protagonistas de las historias de Carpignano. La cámara se acerca tanto a una realidad que produce dolor y verguenza tanto abandono, tanta gente destinada a sobrevivir a su suerte, sin más armas que su decisión para delinquir y su habilidad para resistir, al tiempo que se mantienen guerras abiertas contra los nuevos apestados del primer mundo.

Los italianos son la "amenaza" porque, o se presentan como policías, o como enviados de la mafia, cuando no como agresores encarnados en grupos neofascistas que intentan expulsar tanto a los gitanos como a los africanos. Y entre los gitanos de la familia Amato y los clanes nacionales de inmigrantes existe, igualmente, un pacto no escrito para no relacionarse. El racismo y la marginación que los gitanos sienten hacia los centroafricanos es similar al que ellos mismos sienten de los italianos no gitanos. La contraposición "nosotros-italianos" demuestra a las claras el no sentimiento de pertenencia a un país que los excluye. El plano inicial de esa caravana del pasado acampada a las orillas de un río, seguido del asentamiento chabolista de la A Ciambra une dos épocas muy distantes pero durante las que no ha habido voluntad ni capacidad de integrar, "recuerda que nosotros no tenemos patrón", le dice el abuelo al muchacho. Los Amato son unos de tantos, como los Ayiva que piensan en su Ghana o Burkina Fasso de origen, muchos más. Situados fuera de nuestro campo de visión, parecen no existir, parecen diluirse entre restos desechados por el capitalismo. Todos se convierten en parásitos dedicados a aprovecharse de lo que el sistema no quiere o no sabe defender. El italiano es un objetivo a desvalijar, una cierta dosis de tolerancia del sistema para permitir la subsistencia viene acompañada de la correspondiente represión. Cada cierto tiempo los adultos de A Ciambra tienen que pasar una temporada en prisión, es el pago por vivir fuera de la ley, desde robar coches para despiezarlos hasta defraudar el fluído eléctrico, sabotear instalaciones para recuperar el cobre que vuelve al mismo sistema del que ha salido tras pagar el sobreprecio, utilizar el chantaje, la extorsión, la violencia. En medio de ese ambiente, sin escolarización que valga, los más jóvenes aprenden jugando a comportarse como los adultos.

Pio Amato se encuentra en esa edad en la que ni se quiere seguir jugando como un niño ni se es aceptado como adulto. Todo su afán, por más que su madre intente apartarle del único camino que conoce como medio de vida, es el de convertirse en un nuevo miembro del clan. Siguiendo a su hermano Cósimo como modelo, intenta una y otra vez formar parte del círculo que decide los nuevos golpes o que negocia con los "italianos" lo que hay que hacer y lo que la mafia no permite robar o a quien no se puede tocar. En esa edad donde todo quiere hacerse como los mayores hay elementos que desequilibran lo que no pasa de ser una mente aún infantil, las mujeres y, en este caso, su relación desde hace años con una africano, Ayiva, algo que no está bien visto en su núcleo gitano. La cámara no esconde un estilo nervioso, alejado de cualquier afán complaciente con lo que va retratando. Si el personaje se mantiene inmóvil la cámara se mantendrá reposada, pero si, como es lo habitual, el personaje de Pío se mueve por los suburbios de la ciudad a la que apenas se llega a asomar, la imagen le seguirá en esos planos tan acostumbrados a ver en "Rosetta", "Le fils" o "L,enfant" de los Dardenne. No rehúye en todo caso algún amago de preciosismo Carpignano cuando llega la noche. El fuego, como elemento intrínseco de la cultura gitana, y el caballo como elemento mitológico de una tradición trashumante, se utilizan como figuras simbólicas de la pertenencia a un grupo y como elementos recurrentes para advertir del peligro y de la amenaza subyacente a una vida continuamente en el alambre.

La naturalidad con la que toda la familia, y toda la barriada, se comporta ante la cámara, dota a las imágenes de una credibilidad a prueba de cualquier crítica. Todo el clan de los Amato actúa y lo hace con sus propios nombres, porque en el cine de Carpignano la verdad empieza por negar la posibilidad de ocultarse bajo el paraguas de lo irreal. Los niños, que apenas saben hablar, fuman; los de la edad de Pío beben, todos son capaces de conducir, desde un coche a una moto, a hablar, blasfemar, injuriar como sólo a los adultos parecería corresponder. Son potenciales adultos en cuerpos menudos esperando el simple paso del tiempo para tomar un relevo decepcionante. El logro de Pío no es sino la constatación de un fracaso más. En su propia conciencia termina primando el sentido de clan por encima del de la amistad, un error provocará su traición, una traición ni sangrienta ni violenta, pero que sí supone dañar profundamente a quien le ha prestado ayuda siempre que se lo ha pedido. En ese plano final el objetivo recoge dos mundos, el de los niños y el de los adultos. Entre el humo de las hogueras Pío duda donde colocarse, hasta que recibe la llamada del taller al que estaba deseando entrar. Ahora él es el envidiado por el resto de niños, las mujeres del poblado le empiezan a mirar de otra manera, ya no es un crío, ha pasado a ser un hombre en un entorno donde eso significa que, pronto o tarde, su futuro estaráentre rejas.


A CIAMBRA. Italia. 2017. Dirección y guión: Jonas Carpignano. Productores: Jon COPLON, RT FEATURES, SIKELIA PRODUCTIONS. Fotografía: Tim CURTIN. Editor: Affonso GONÇALVES. Música: Dan ROMER. Dirección artística:Marco Ascanio Viarigi. Reparto: Pio AMATO (Pio), Koudous SEIHON (Ayiva), Damiano AMATO (Cosimo), Francesco Pio AMATO (Keko O’Marrochinu), Iolanda AMATO (Iolanda), Patrizia AMATO (Patatina), Rocco AMATO (Rocco), Susanna AMATO (Susanna), Paolo CARPIGNANO (Man from Torino). 115 minutos.