martes, 10 de abril de 2018

CLÉO AND PAUL (Allons enfants, Stéphane Demoustier, 2018)



CLÉO AND PAUL (ALLONS ENFANTS, Stéphane Demoustier, 2018).


Quien pretenda demoler esta película desde sus cimientos es posible que encuentre un motivo muy aparente para hacerlo, pero si se deja llevar por esa racionalidad adulta es que no ha querido penetrar en la propuesta del director, donde la importancia de lo que se cuenta no reside en la presencia tangencial de los adultos y sus incoherencias; sino en la mirada fresca, divertida, desacomplejada, de dos niños, Cléo, de 3 años, y Paul, de 5, hermanos e hijos del director, a cuyo alrededor se teje, de manera que se antoja muy improvisada, muy poco guionizada, dejada al libre albedrío de las situaciones que surjan, un largo día de juegos que sufre un giro inesperado cuando ambos se pierden en el parque de La Villette en París. El juego de la película estriba no en preguntarse qué harán los adultos para reparar el problema, sino qué harán los niños en esa situación desconocida que ambos enfrentan por separado.


En su delicada y esquemática estructura narrativa, la presencia de los menores es fundamental. Unos menores que, pese a su corta edad, son conscientes de estar jugando porque, en realidad, ellos no están perdidos en medio del gentío cuando es su propio padre quien les está filmando. Esta circunstancia no deja de facilitar la labor y liberar a los niños de miedos añadidos, aún sin perderse de vista la angustia que puede generar su vulnerabilidad, pero que no deja de otorgarles la seguridad de presentarse ante nosotros con absoluta espontaneidad, sin sujeción a reglas rígidas, y mezclando el temor y el deseo a partes iguales. La excitación de una situación novedosa unida al temor de encontrarse aislados, rodeados de desconocidos ante los que su presencia pasa inadvertida o, directamente, ignorada. En una mañana primaveral los dos hermanos juegan entre los árboles al escondite, Cléo se esconde tanto y tan bien, que termina alejándose del lugar donde la niñera les ha dicho que jueguen, se desorienta y emprende un camino en solitario, a la aventura, buscando a Paul, un camino que relaciona inmediatamente esta película con, por ejemplo, “La nuit oú j,ai nagé” de Manivel, o la iniciática en este siglo “Nana”, de Masadian.

A la sencillez, alegría e inocencia de los dos niños, Demoustier opone el egoísmo y la estupidez del mundo de los adultos. En una sociedad, la parisina, golpeada por el terrorismo indiscriminado, el exceso de seguridad provoca inflexibles reacciones absurdas de las fuerzas policiales y militares unidas a la indiferencia de la masa que acude al estadio y sale del mismo sin reparar en dos menores solos, vagando llenos de curiosidad e indiferencia, entre jóvenes absortos en sus pantallas de móvil o entre uniformados incapaces de asumir la protección de esos niños para no abandonar el puesto de vigilancia que se les ha adjudicado. Cléo se ha perdido y busca a Paul, y cuanto más busca, más se separa de su hermano, atraída también, al mismo tiempo, por la libertad de encontrarse por primera vez sin la vigilancia de un adulto, y Paul, una vez que la niñera anciana y de movimientos limitados, desiste de encontrar a la niña, emprende su busca en solitario, perdiéndose igualmente y experimentando nuevas sensaciones absorto en sus miradas hacia el cielo o interrogado por lo que puede sentirse disparando los fusiles de los soldados que le protegen pero que son incapaces de entender que ese niño no tiene un adulto cerca para cuidarle.


En el camino de Paul no hay intermediarios, mientras que en el de Cléo ésta aprovecha la mínima atención que le presta Louise (Vimala Pons), para asegurarse una nueva niñera, o una madre sustituta, mientras se resuelve el incidente. Así, la angustia momentánea, y recurrente de la menor, se transfiere, también, a un adulto que reacciona con muy buenas intenciones y muy malas decisiones. Aquí es donde el espectador tiene que asumir el punto de vista infantil y no pretender subsanar el error de Louise, quien, inicialmente, recurre a policía y protección civil obteniendo una descarga de responsabilidades por respuesta. En la tesis de esperar o cuidar a la niña y seguir cumpliendo con su agenda, Louise asume la segunda opción, acompañándose de una niña que se comporta como una hija dócil y dispuesta al juego. La cámara suele acompañar al espectador desde el punto de vista de Cléo, a su altura. Desde luego eso hace de la niña un ser mucho más vulnerable cuando su estatura entra en conflicto con la de todos los adultos que se cruzan con ella, igualando después del encuentro con la adulta el punto de vista con el de Louise, haciendo que ésta se agache o la lleve en brazos durante muchos minutos. 

Lo onírico y mágico queda para la noche; desde la ventana del piso donde Louise y Cléo dormitan, paralizada la adulta para tomar una decisión correcta tras reencontrarse con un pasado que duele, la niña reconoce el estadio y el parque, y recuerda que ha de encontrar a Paul, un encuentro que tiene lugar como un juego y con el que ambos continúan la aventura sin sensación de peligro una vez que se han vuelto a juntar. En ese mundo diferente, en el que apenas quedan deportistas y parejas de amantes, los niños continúan moviéndose y disfrutando de su inesperada libertad. “Allons enfants” es la frase que dicen los policías que los encuentran, como buenos parisinos, sentados en un colchón abandonado cerca de un puente sobre el Sena. Agotados, sucios, sudorosos, hambrientos y sedientos imaginamos su tramo final, aunque ellos siguen riendo y hablando entre sí. La cámara, en esa última escena filmado como un plano fijo, ha decidido seguir rodando a baja altura, pero alejada, como dejando un espacio mayor de intimidad a unos niños que deberían dormirse en cualquier momento. Asistimos al encuentro con la policía como mirones furtivos, desde la otra orilla, apenas las imágenes son definidas y sólo oímos hablar, mientras el reflejo de los luminosos del coche camuflado sustituyen a la diadema luminosa de la niña que queda abandonada en la orilla. Fín del cuento.
CLÉO AND PAUL. Título original: Allons enfants. Francia. 2018. Dirección: Stéphane Demoustier. Actores: Cléo et Paul Demoustier, Vimala Pons, Elsa Wolliaston, Anders Danielsen Lie, Sam Louwyck, Oussama Kheddam.  Imagen: Sylvain Verdet. Sonido: Francis Bernard. Montaje:Nicolas Desmaison. Música: Vimala Pons y Tsirihaka Harrivel. Producción: Stéphane Demoustier y Guillaume Dreyfus. Productoras: Année Zéro, Trípode Productions. 61 minutos.